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lunes, 25 de agosto de 2014

Este Planeta Mide 19.000 Km´s



Científicos han realizado la medición más precisa jamás obtenida de un planeta fuera de nuestro Sistema Solar. Situado a 300 años luz de distancia de nosotros, el exoplaneta, llamado Kepler-93b, tiene un diámetro de 18.800 km, con una pequeña incertidumbre de más o menos 240 km, la distancia que hay, por ejemplo, de Madrid a Zamora.

Las observaciones realizadas con los telescopios espaciales Kepler y Spitzer permiten saber que Kepler-93b es una supertierra, es decir, su tamaño es algo mayor que el de nuestro mundo: en concreto, es casi una vez y media más grande. Aunque las supertierras son comunes en la galaxia, no existen en nuestro Sistema Solar. Conociendo bien el tamaño y la masa de mundos como estos, los científicos pueden empezar a teorizar sobre su composición.

«Con Kepler y Spitzer, hemos obtenido la medición más precisa hasta la fecha del tamaño de un planeta alienígena, lo que es fundamental para la comprensión de estos mundos lejanos», dice Sarah Ballard, de la Universidad de Washington en Seattle y autora principal de un artículo sobre los hallazgos publicado en la revista Astrophysical Journal.

«La medida es tan precisa que es, literalmente, como ser capaz de medir la altura de una persona de 1,80 metros dentro de tres cuartos de pulgada, si esa persona estuviera en Júpiter», apunta.
Temperatura abrasadora

Kepler-93b orbita una estrella de aproximadamente el 90% de la masa del Sol. La distancia orbital del exoplaneta, alrededor de un sexto de la de Mercurio del Sol, implica una temperatura superficial abrasadora de alrededor de 760º C. A pesar de sus similitudes recién descubiertas con la Tierra en su composición, Kepler-93b es demasiado caliente para la vida.

Para hacer la medición clave sobre el radio de este exoplaneta, los telescopios Kepler y Spitzer observaron el tránsito del mismo frente a su estrella, revelado por el eclipse de una pequeña porción de luz estelar. Spitzer confirmó en luz infrarroja las observaciones en luz visible de Kepler. Estos datos de corroboración evitaron un falso positivo.

Spitzer acumuló un total de siete tránsitos de Kepler-93b entre 2010 y 2011, lo que permitió obtener las mediciones precisas.

martes, 3 de junio de 2014

El clima espacial pone trabas a los planetas que orbitan enanas rojas con potencial para albergar vida


El clima espacial pone trabas a los planetas que orbitan enanas rojas con potencial para albergar vida







La vida en el universo podría ser aún más rara de lo que se piensa. Recientemente, los astrónomos que buscan mundos potencialmente habitables se han dirigido a las estrellas enanas rojas porque es el tipo más común, que comprende el 80 por ciento del Universo. Pero un nuevo estudio muestra que las inclemencias del tiempo espacial podrían despojar de su atmósfera a cualquier planeta rocoso que orbita en la zona habitable de una de estas estrellas.

"Un planeta que orbita una enana roja se enfrenta a un entorno espacial extremo, además de otros factores de estrés como la fijación de marea", ha señalado el experto del centro Harvard-Smithsoniano, Ofer Cohen.

Según ha explicado, durante la presentación de este estudio en la Sociedad Astronómica Americana, la Tierra está protegida contra las erupciones solares y el clima espacial por su campo magnético. Al igual que los escudos de la nave estelar Enterprise, el campo magnético de la Tierra desvía los rayos de energía entrantes.




Las estrellas enanas rojas son más pequeñas y más frías que el sol. Para estar en la zona habitable de esta estrella un planeta tendría que estar mucho más cerca de lo que la Tierra está del Sol. Como resultado, el planeta estaría sometido a un severo clima espacial.

Trabajos anteriores han analizado el impacto de las erupciones estelares de una enana roja en un planeta cercano. Por el contrario, la nueva investigación analiza el efecto de vientos de dirección constante de la enana roja estelar. Para ello, el equipo ha utilizado un modelo informático desarrollado en la Universidad de Michigan para representar tres enanas rojas con planetas conocidos orbitando.

Al examinarlos, encontraron que incluso un campo magnético similar al de la Tierra no podría proteger necesariamente un mundo en la zona habitable de un bombardeo continuo del viento de la estrella. Aunque hubo momentos en los que los escudos magnéticos del planeta se mantuvieron firmes, pasó mucho más tiempo con ellos en estado débil.

"El medio ambiente espacial cercano a los exoplanetas es mucho más extremo que al que se enfrenta la Tierra", ha explicado otro de los autores del estudio, Jeremy Drake. "La consecuencia final es que cualquier planeta potencialmente habitable tendría un ambiente despojado de estas características", ha reconocido.

Este clima espacial extremo también podría desencadenar espectaculares auroras, o luces del norte. La aurora en un planeta que orbita una enana roja podría ser 100.000 veces más fuerte que las de la Tierra.

Dos planetas sentenciados a la misma muerte

Astrónomos predicen por primera vez que un par de mundos lejanos están a punto de convertirse en una merienda de proporciones cósmicas: serán devorados por su propia estrella

Dos planetas sentenciados a la misma muerte
CFA
Kepler- 56b, consumido por su estrella anfitriona

Dos mundos que orbitan alrededor de una estrella distante están a punto de convertirse en una merienda de proporciones cósmicas. Astrónomos del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica (CfA) han vaticinado que los planetas Kepler-56b y Kepler-56c serán tragados por su estrella dentro de 130 millones y 155 millones de años, respectivamente. Puede parecer que queda mucho tiempo para que se cumpla tan cruel sentencia, pero es poco en términos astronómicos.
«Hasta donde sabemos, esta es la primera vez que se predice la muerte de dos exoplanetas que forman parte de un solo sistema», dice el autor principal del estudio, Gongjie Li, que ha presentado sus resultados en la reunión anual de la Sociedad Astronómica Americana (AAS).
Por mucho que nos parezca apocalíptico, el sistema Kepler-56 ofrece una visión muy realista del futuro de nuestro Sistema Solar, aunque sucederá mucho más tarde. En unos 5.000 millones años, nuestro Sol se convertirá en una estrella gigante roja, hinchándose hasta alcanzar inmensas proporciones y engullendo como si se tratara de un canapé a Mercurio y Venus.
Es lo que está ocurriéndole ahora mismo a la estrella Kepler-56. Se está transformando en una gigante roja y ya se ha disparado hasta tener cuatro veces el tamaño del Sol. A medida que envejece, continuará expandiéndose hacia el exterior. La estrella no solo se volverá más grande, sino que sus mareas se harán más fuertes, arrastrando a los planetas hacia el interior para su destrucción.
Kepler-56b orbita su estrella anfitriona una vez cada 10,5 días, mientras que 56c lo hace cada 21,4. Ambos están mucho más cerca de su estrella de lo que Mercurio lo está del Sol. Como resultado, su destino llegará mucho más rápido.

Atmósferas en ebullición

Li y su equipo calcularon la evolución tanto del tamaño de la estrella como de las órbitas de los planetas para predecir cuándo serán destruidos. Incluso antes de que desaparezcan, los dos planetas estarán sometidos a un calentamiento inmenso de la cada vez más gigantesca estrella. Sus atmósferas comenzarán a hervir y adquirirán forma de huevo por la marea estelar.
El único sobreviviente en el sistema será Kepler-56d, un planeta gigante gaseoso que circula en una órbita de 3,3 años de la Tierra. Desde su distancia segura podrá observar cómo sus dos mundos hermanos desaparecen.
El sistema planetario Kepler-56 también es notable por ser el primer sistema multiplaneta «inclinado» en ser descubierto. Las órbitas de los dos planetas interiores se inclinan de manera significativa desde el ecuador de la estrella. Esto resultó algo inesperado, ya que los planetas se formaton a partir del mismo disco de gas y polvo de la estrella, por lo que deberían orbitar casi en el mismo plano que el ecuador de la estrella (como lo hacen los planetas de nuestro Sistema Solar).
Los científicos fueron capaces de constreñir mejor la inclinación de estos planetas, en comparación con trabajos anteriores, y encontraron que la inclinación más probable era de 37 o 131 grados.

martes, 24 de julio de 2012

Los planetas con las órbitas más cercanas entre sí



(NCYT) Estos dos mundos son los planetas con las órbitas más cercanas entre sí de los que se tenga conocimiento.

El equipo de investigación, dirigido por Josh Carter, del Centro para la Astrofísica, en Cambridge, Massachusetts, gestionado conjuntamente por la Universidad de Harvard y el Instituto Smithsoniano, y Eric Agol de la Universidad de Washington en Seattle, en Estados Unidos ambas instituciones, empleó datos del telescopio espacial Kepler, de la NASA, que mide el oscurecimiento sutil del brillo de más de 150.000 estrellas en busca de los planetas que pasan periódicamente por delante de ellas, desde la perspectiva visual de la Tierra, e interceptan una diminuta pero delatadora fracción de su luz.

El planeta más interior de esa singular pareja, al cual se le ha dado el nombre de Kepler-36b, gira alrededor de su estrella cada 13,8 días terrestres, y el planeta exterior, Kepler-36c, lo hace cada 16,2 días.
Planetas muy cercanos
Kepler-36c visto desde Kepler-36b. (Foto: Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics)
En el máximo acercamiento entre los dos planetas, la separación entre ambos es de tan sólo 1,9 millones de kilómetros (1,2 millones de millas). Eso es apenas cinco veces la distancia entre la Tierra y la Luna.

Kepler-36b es un mundo rocoso, cuyo radio es 1,5 veces mayor que el de nuestro planeta, y tiene 4,5 veces la masa de la Tierra.

Kepler-36c es un gigante gaseoso con un radio 3,7 veces mayor que el de la Tierra, y 8 veces la masa de nuestro planeta.

La extraña pareja planetaria orbita alrededor de una estrella ligeramente más caliente que nuestro Sol, y un par de miles de millones de años más vieja que él. Esos dos mundos están ubicados a unos 1.200 años-luz de nosotros.

sábado, 9 de julio de 2011

Saturno tiene una "gota fría"

Saturno tiene una "gota fría" 





La Gran Mancha Blanca es el apelativo con el que los astrónomos conocen un fenómeno meteorológico único en el sistema solar, una tormenta de proporciones descomunales que se desarrolla en Saturno y llega a alcanzar prácticamente el tamaño de la Tierra. La perturbación se expande hasta rodear todo el planeta formando un anillo de nubes blancas que le han dado nombre. Un grupo de astrónomos liderado por el español Agustín Sánchez Lavega, director del Grupo de Ciencias Planetarias de la Universidad del País Vasco, ha descrito por primera vez el comportamiento de la tormenta y ha constatado que no es superficial, descartando la posibilidad de que sea generada por la radiación solar. Los vientos tendrían su origen en la fuente interna de calor de Saturno.

El trabajo, que ocupa la portada del último número de la prestigiosa revista Nature, establece las primeras hipótesis sobre un fenómeno que ha representado “un desafío a la comprensión”, ya que la tormenta en el planeta anillado, que normalmente se repite cada 29,5 años terrestres, se ha presentado esta vez nueve años antes de lo esperado. Aunque la tormenta se originó en un foco concreto, rápidamente se prolongó en longitud y produjo una distorsión en la atmósfera generando un anillo de nubes blancas que envolvió el planeta en menos de dos meses y perturbó su visión aparentemente tranquila.Según Sánchez Lavega, “a fecha de hoy, más de seis meses después de la erupción de la tormenta, su foco original aunque debilitado sigue activo, lo que representa una sorpresa mayúscula y un desafío en la comprensión de estos violentos sucesos meteorológicos”.

Las imágenes han sido captadas por el telescopio espacial Hubble, la sonda Cassini -que orbita Saturno desde 2004- y telescopios terrestres, y buscan conocer el origen de las tormentas, que según estiman los científicos, está a 250 kilómetros de profundidad en una capa de la atmósfera con vapor de agua. Las tormentas de Saturno son en cierto modo un banco de pruebas de los mecanismos físicos que subyacen en la generación de las tormentas violentas que acontecen en las regiones ecuatoriales y tropicales de la Tierra, o en fenómenos tan cercanos como las llamadas “gotas frías”.

Esta es la cuarta portada de Nature que consigue Sánchez Lavega. Las anteriores, publicadas en 1991, 2003 y 2008, estaban relacionadas con investigaciones sobre Saturno y Júpiter. En este estudio han participado además investigadores de la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid; de la Fundació Observatori Esteve Duran en Seva (Catalunya); del Observatorio de Calar Alto en Almería; de la Universidad de Oxford en Gran Bretaña, y del Observatorio de París en Francia. También ha participado decisivamente una red internacional de observadores coordinados desde la UPV/EHU, que desinteresadamente ha contribuido con la toma de imágenes del planeta.

Y además…

Júpiter es un paraguas para la TierraPostales desde Saturno y sus lunas

Científicos captan una tormenta blanca en Saturno 9 años antes de lo previsto

Científicos captan una tormenta blanca en Saturno 9 años antes de lo previsto 


Investigadores españoles de varias instituciones científicas y universidades han observado la última tormenta blanca de Saturno, que está produciendo grandes manchas blancas en su atmósfera y que tiene lugar regularmente cada 29,5 años, pero que en esta ocasión se ha adelantado casi nueve años.

Se trata de una gigantesca tormenta, conocida popularmente como "gran mancha blanca", que crece hasta alcanzar unos 10.000 kilómetros, casi el tamaño de la Tierra, y supone un fenómeno "único" en todo el Sistema Solar, según explica el Centro de Astrobiología del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) de España en un comunicado de prensa.

Los resultados de la investigación, publicados en la revista científica "Nature", han permitido a un equipo de investigadores españoles encabezado por Agustín Sánchez Lavega, de la Universidad del País Vasco (norte de España), profundizar en el conocimiento de la atmósfera de Saturno.

"Las tormentas de Saturno se expanden impulsadas por los vientos y terminan por rodear todo el planeta a lo largo de un anillo de nubes blancas turbulentas", indica Sánchez Lavega en un comunicado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Estos fenómenos tienen lugar en Saturno cada vez que este gigante gaseoso completa una vuelta al Sol (29,5 años) y se han producido en cinco ocasiones en los últimos 130 años.

La última de ellas ocurrió en 1990, por lo que los científicos no esperaban otra tormenta igual hasta aproximadamente el año 2020.

El descubrimiento de esta tormenta blanca sorprendió a un grupo de astrónomos aficionados japoneses que anunciaron en diciembre de 2010 la aparición de una mancha muy brillante en las latitudes medias del hemisferio norte de Saturno, el primer indicio de que el fenómeno se estaba repitiendo.

Desde entonces, los investigadores han seguido el desarrollo de la tormenta desde el Observatorio Hispano-Alemán de Calar Alto, en la provincia española de Almería (sur), mediante una técnica especial que permite obtener imágenes de alta resolución espacial, similares a las del telescopio espacial HST.

Seis meses después, el foco original de la tormenta continúa activo, aunque debilitado, lo que ha sorprendido a los investigadores y ha supuesto "un desafío" para la comprensión de estos sucesos.

Según los expertos, la observación de estas tormentas blancas permite profundizar en el estudio de algunos fenómenos meteorológicos de la Tierra, como las tormentas violentas que se producen en regiones ecuatoriales y tropicales, o la denominada "gota fría".

Además del interés intrínseco de esta tormenta, el director del Observatorio Hispano-Alemán de Calar Alto, David Barrado, subrayó, según informa el INTA, que "los gigantes gaseosos del Sistema Solar son verdaderas piedras Rosetta".

El estudio de Saturno y de fenómenos que allí se producen como esta tormenta blanca ayudan, según los expertos, a entender lo que ocurre en planetas ubicados fuera del Sistema Solar o en las "enanas marrones", cuerpos muy fríos con propiedades a medio camino entre las estrellas y los planetas.

Los científicos investigan ahora cómo la débil iluminación solar que llega a Saturno y que atraviesa las capas de nubes de amoníaco que rodean a este planeta logra provocar tormentas de estas magnitudes.

Existen dos teorías para explicar la formación de estos fenómenos: una de ellas defiende que la fuente de energía radica en la luz solar y que se producen vientos "superficiales", mientras que otra mantiene que la energía procede del calor interno de Saturno y que los vientos son "profundos".

Pluton y Sus Lunas




Recientemente fue conducido un evento de observación en el cual se esperaba la ocurrencia de múltiples ocultaciones entre Plutón, sus Lunas y algunas estrellas. 

La observación fue realizada en Hawái. Las ocultaciones ocurrieron a la hora prevista y la separación entre ambos fue de apenas 11 minutos. 

Al comienzo se apreció cuando Caronte, la luna más grande de Plutón, ocultó la estrella. La disminución de la luminosidad fue bastante abrupta, esencialmente debido a la ausencia de atmósfera en Caronte. La ocultación permitió medir el tamaño de dicha luna. 

En el segundo evento, 11 minutos después, Plutón ocultó a la misma estrella, y se observó que la disminución en el brillo no fue tan marcado. Esta circunstancia se debe a la presencia de atmósfera en Plutón.

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