sábado, 9 de marzo de 2013

Investigación sobre carbono puede cambiar teorías sobre la vida en la Tierra

Un equipo internacional de científicos dio a conocer hoy los primeros resultados de un amplio programa de investigación de 10 años sobre el carbono que puede cambiar teorías actuales sobre el origen de la vida en la Tierra o la búsqueda de soluciones al cambio climático.


La iniciativa, conocida como Deep Carbon Observatory (DCO), cumple tres años de trabajos con la publicación hoy de un volumen de 700 páginas que recoge los principales descubrimientos así como las nuevas incógnitas que ha generado de momento el trabajo de unos 1.000 científicos de 40 países de todo el mundo. 

El director ejecutivo de DCO y científico de la Institución Carnegie, el doctor Robert Hazen, dijo a Efe durante una visita a Toronto que uno de los principales objetivos del programa de investigación es saber con exactitud cuánto carbono está almacenado en las profundidades de la Tierra y dónde. 

"Estamos interesados en saber cuánto carbono hay, dónde está, cómo se mueve de una parte a otra del planeta, cuáles son sus formas, estamos muy interesados en el fenómeno de la vida microbial a grandes profundidades y cómo afecta al ciclo del carbono", declaró Hazen. 

El programa tiene un presupuesto de unos 500 millones de dólares. 

"Es realmente un esfuerzo para entender el carbono es una escala global, desde la superficie hasta el centro de la Tierra, no solo el ciclo del carbono más superficial y del que la mayoría de la gente habla, sino un ciclo más profundo que representa el 90 %, o más, del carbono en nuestro planeta", añadió. 

Hazen explicó que el carbono es "el elemento químico más importante" en el ser humano y en el planeta. "Es el elemento de la vida, el que dio origen a la vida. Es uno de los aspectos que estamos intentando entender, de dónde vino la vida", agregó. 

"Esto puede ser una forma de mover vida de un planeta a otro", terminó señalando.

El Hubble observa el brillante chorro de una joven estrella


Esta imagen muestra un objeto conocido como HH 151, un chorro brillante de material incandescente seguido por una intrincada nube de gas y polvo en tonos naranja. Se encuentra a unos 460 años luz de distancia en la constelación de Tauro, cerca de la joven y tumultuosa Tau estrella HL Tau.
En los primeros pocos cientos de miles de años de vida, nuevas estrellas como HL Tau arrojan el material que cae hacia ellas desde el espacio circundante. Este material forma un disco caliente que se arremolina alrededor del cuerpo coalesciente, lanzando estrechas corrientes de material de sus polos.
Estos chorros son disparados a una velocidad de varios cientos de kilómetros por segundo y chocan violentamente con grupos cercanos de polvo y gas, creando estructuras tenues y ondulantes conocidas como objetos Herbig-Haro, como el HH 151 visto en la imagen.
Estos objetos son muy comunes en regiones de formación estelar. Son de vida corta y su movimiento y su evolución pueden ser vistas en escalas de tiempo muy cortos, del orden de años. Rápidamente se dirigen hacia la estrella de nueva formación que los emite, chocando con los nuevos grupos de material y brillando intensamente antes de desaparecer.

Curiosity transfirió pizca de polvo de roca de Marte a sus laboratorios


El explorador Curiosity transfirió con éxito una pizca de polvo de roca marciana a sus laboratorios internos para examinarlo, dos semanas después de que perforó su primera piedra.
La Nasa informó este lunes que recibió la confirmación de las entregas el fin de semana. Los científicos pasarán las próximas semanas estudiando la composición química y mineral de la roca.
Curiosity aterrizó en el cráter Gale, cerca del ecuador de Marte, a mediados del año pasado en una misión que pretende determinar si el entorno marciano fue alguna vez favorable para los microbios. Perforó una roca plana a comienzos de febrero y juntó muestras del tamaño de cucharadas del interior, la primera vez que esto se logra en el planeta rojo.
El explorador, que es del tamaño de un automóvil, todavía tiene que conducir hacia el monte Mount Sharp ascendiendo desde el centro del cráter. Se espera que el recorrido dure al menos nueve meses, con algunas escalas incluidas

Científicos rusos hallan un fragmento de un kilo del meteorito


Científicos rusos han encontrado en los Urales un fragmento del meteorito que cayó el 15 de febrero en la provincia de Cheliábinsk. Según ha informado Víktor Grojovski, jefe de la expedición organizada por Universidad Federal de los Urales, el fragmento de un kilo, el mayor de los que se han encontrado hasta la fecha, fue encontrado en la zona de la aldea de Emanzhelinka y el poblado de Trawniki.
Anteriormente los científicos de la Universidad hallaron en el área del lago Chebarkul partículas de meteorito y un análisis químico confirmó su origen extraterrestre.

jueves, 9 de agosto de 2012

El peinado que volvió una estrella a un científico de la NASA


El peinado que volvió una estrella a un científico de la NASA
06:35 am 08-Ago de 2012|BBC
Todos los ojos estaban puestos en la llegada del Curiosity a Marte, pero en la Tierra uno de los científicos a cargo de la hazaña se volvió instantáneamente famoso en internet


bbc
Mientras todos los ojos estaban puestos en la llegada del robot Curiosity a Marte, en la Tierra un hombre se volvía famoso por tener estrellas en la cabeza. Literalmente.

Se trata de Bobak Ferdowsi, uno de los científicos que estuvo a cargo del vuelo del Curiosity y que apareció en la transmisión en vivo del evento que ofreció la agencia espacial estadounidense.

Pero no es un científico habitual y por ello resaltó en medio de sus compañeros -vestidos con camiseta azul- que lucían tensos ante la inminente llegada del robot que estudiará si alguna vez hubo vida en el planeta rojo.

Él lleva un estilo de pelo distinto para cada misión y para esta decidió aparecer con una cresta pintada de azul y rojo, con estrellas amarillas en los costados.

Así, mientras las imágenes del robot se emitían una y otra vez en diferentes medios, también empezaban a compartirse las fotografías de Ferdowsi, quien se volvió una estrella instantánea.

Medios estadounidenses informan que antes de la llegada del Curiosity a Marte, Ferdowsi tenía unos 200 seguidores en Twitter. La cifra el 7 de agosto ya superaba los 37.000.

Ferdowsi ha interactuado con algunos de sus nuevos seguidores, pero la mayoría de sus mensajes en esa red social siguen siendo sobre su trabajo.

También se han creado memes y avatares en su honor.

Una de las imágenes que han viajado por la red es una foto en la que sale trabajando. Dice arriba 'se convierte en una sensación de internet' y más abajo, 'demasiado ocupado aterrizando un robot en Marte para darse cuenta'.

Fama instantánea

Según medios estadounidenses, una de las razones que pueden explicar la popularidad de Ferdowsi es que rompe con el estereotipo del científico.

Un bloguero lo catalogó como 'la cara de la NASA en el siglo XXI', mientras la revista The Atlantic dijo que es 'un símbolo visual de humanidad en el centro de los logros de la NASA'.

'Podemos asociar a la agencia con cohetes y robots y misiones a lugares que claramente son inhumanos. La cresta de Ferdowsi, sin embargo, sirvió como un recordatorio de las personas individuales -las personas extravagantes- que hacen posible todo este progreso', continuó la publicación.

Ferdowsi, mientras tanto, reconoció su fama recién adquirida y lo hizo precisamente en el medio por donde se propagó su fama: la red.

'Internet, ganaste este round', escribió en Twitter. 'Regresaré más tarde, pero muchas gracias. Ahora voy a celebrar con mis amigos y mi equipo'.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Publican primera fotografía captada por el explorador "Curiosity" en Marte

Tras la explosión de alegría vivida por el éxito del descenso del Curiosity a Marte, comienza el chequeo de todos los sistemas del explorador, que desde un primer momento empezará a enviar datos a diario desde el planeta rojo.
"Se tomarán las cosas con mucha paciencia porque hay que estar completamente seguro de que el entorno es adecuado y no hay riesgo para el rover. Tras el chequeo empezarán a tomarse los primeros datos", explicó por teléfono a Efe Felipe Gómez, uno de los científicos españoles participantes en el proyecto.

Gómez, que se encuentra en el Laboratorio de Propulsión de la Agencia Espacial Estadounidense en Pasadena (California, EEUU) donde permanecerá tres meses, calificó el aterrizaje del Curiosity de "muy emocionante" y "sorprendente" por la suavidad con que el rover se ha posado en el cráter Gale de Marte.



"El despliegue se ha cumplido paso a paso; ha sido un éxito rotundo", dijo el científico, del Centro español de Astrobiología (CAB).

La tecnología española está presente en el Curiosity en la estación medioambiental (REMS) que medirá cada día la temperatura del suelo, del aire, la presión, la humedad, el viento y la radiación ultravioleta en Marte.

Se trata de la primera vez que un grupo de españoles desarrolla "enteramente" un instrumental científico con destino al planeta rojo y cuyo investigador principal también es español, Javier Gómez Elvira, del CAB.

La estación medioambiental es uno de los diez instrumentos de alta tecnología con los que cuenta ese robot móvil.

La descarga de datos del Curiosity se producirá una vez al día y después se procesará e interpretará la información para planificar la jornada siguiente.

Todo ello tiene lugar durante reuniones con "mucho estrés", añadió Gómez.

La información se descarga sobre el ordenador de control del rover y, posteriormente, sobre el satélite que comunica con Tierra.

Según Gómez, el hecho de poder participar en esta misión -una de las más grandes que se han desarrollado- "es un reto tecnológico que nunca antes se había asumido por el tamaño, volumen y peso del rover, así como la cantidad de instrumental científico que lleva".

En la estación REMS han participado 40 investigadores, liderados por el Centro de Astrobiología, en colaboración con la empresa CRISA, la Universidad Politécnica de Cataluña y la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).

España es el único país europeo que trabaja en este proyecto de la NASA.

El robot explorador Curiosity estudiará durante los próximos dos años si alguna vez hubo vida o podrá haberla en el planeta rojo.

Rusia fracasa en lanzamiento de dos satélites telecomunicaciones


La agencia espacial rusa dijo que la falla de la última etapa del lanzamiento sobre su cohete de carga Proton llevó a la pérdida de los satélites Telkom-3 de Indonesia y Express MD2 de Rusia.
El error se produjo tras el despegue desde la plataforma de lanzamientos Baikonur, operada por Rusia, en Kazajistán durante las últimas horas del lunes. La pérdida total de ambos satélites se estimaba en unos 100 a 150 millones de dólares, dijo una fuente de la industria espacial a la agencia de noticias Interfax.
Moscú, que lleva a cabo un 40 por ciento de los lanzamientos espaciales, lucha por restablecer la confianza en su industria después de una serie de contratiempos el año pasado, incluyendo el fracaso de una misión para devolver muestras de la luna marciana Phobos y la pérdida de 265 millones de dólares en un satélite de comunicaciones.
La agencia espacial Roskosmos dijo en un comunicado que el propulsor Briz-M disparó sus motores a tiempo pero que éstos funcionaron apenas durante siete de los 18 minutos y cinco segundos necesarios para dejar los satélites en órbita.
"Las posibilidades de que los satélites se separen del propulsor y lleguen a la órbita designada son prácticamente inexistentes", dijo una fuente industrial a la agencia estatal de noticias RIA.
Los lanzamientos de cohetes Proton probablemente serán suspendidos a la espera de un análisis de la falla, dijo la fuente de la industria rusa.
"Los últimos fracasos minan en cierta medida la posición de Rusia como país que entrega servicios de lanzamientos espaciales", dijo el experto industrial Yuri Karash, miembro de la Academia Rusa de Cosmonáutica.
Los errores fortalecen a los competidores de Rusia, como los cohetes europeos Arian, dijo Karash, quien además describió a la industria espacial rusa, dentro de una lucha por recuperarse tras una generación de escasez de expertos y presupuestos disminuidos, como "no en la mejor condición por un largo plazo".
También sostuvo que los problemas con la etapa final de Briz-M no creaban dudas necesariamente respecto a la confiabilidad del propulsor Proton en su totalidad.
Telkom-3, el primer satélite que Yakarta le ha comprado a Moscú, fue construido por la rusa ISS-Reshetnev con equipos de comunicaciones hechos por la fabricante de satélites mayoritariamente francesa Thales Alenia Space. Tenía una capacidad para abastecer la creciente demanda de servicios empresariales satelitales de Indonesia.
Express MD2 era un satélite de comunicación pequeño, hecho por Khrunichev State Research and Production Space Centre, para la Russian Satellite Communications Company (RSCC).
(Reporte de Alissa de Carbonnel; reporte adicional de Gennady Novik)

Exoplanetas

Cuando uno es astrofísico de formación y se dedica a la Astrobiología siente una especie de orgullo por la aportación que supone el descubrimiento de exoplanetas para el estudio del origen de la vida y su búsqueda en otros lugares del Universo.
Si, además, como es mi caso, se dedica a su investigación, a caracterizarlos para saber cómo son, cómo se originaron y así poder compararlos con nuestro Sistema Solar con el fin de conocer mejor nuestra “casa”; sabe que con el descubrimiento del primer exoplaneta no finalizó la carrera, sino que comenzó, y que queda mucho por hacer hasta estar en condiciones de poder anunciar, si es que existe: “hemos encontrado vida fuera de la Tierra”.
Afortunadamente, quizá por las connotaciones sociales que tiene, la búsqueda y caracterización de exoplanetas es en la actualidad una de las líneas de la Astrofísica observacional con mayor empuje. Se piensa que sólo en nuestra Galaxia hay alrededor de mil millones de sistemas planetarios. Esto significa que hay muchos sitios donde mirar y que la tarea está apenas comenzando.
El interés de la investigación en este campo radica no sólo en la posibilidad de elucidar cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios en general, y nuestro Sistema Solar en particular, sino en el descubrimiento, mediante misiones espaciales, de planetas “tipo Tierra” o “telúricos”. Además, a más largo plazo, se conseguirá el análisis de sus atmósferas y, por tanto, la posibilidad de determinar si en alguno existe actividad biológica. Al menos está claro cuál debe ser el camino. Por otro lado, esta línea de investigación constituye una de las motivaciones científicas más importantes para el diseño de grandes telescopios terrestres (de clase diez metros y superiores) y su instrumentación. El trabajo complementario de los observatorios espaciales y terrestres producirá, sin duda, ciencia de gran calidad, cuyo impacto, no sólo científico también social, parece obvio.
La investigación de exoplanetas constituye también una pieza fundamental para comprender cómo se formó nuestro Sistema Solar y, por tanto, cómo es la evolución temprana de estrellas como el Sol. Pero, evidentemente, su fin último es encontrar uno similar a la Tierra e identificar la presencia de vida en él. Para llegar a ese momento todavía quedan muchos problemas que resolver. Hay que llenar muchos huecos cognitivos sobre el origen y evolución de estos cuerpos.

La carrera del descubrimiento
La existencia de otros mundos fuera de nuestro Sistema Solar ha cautivado permanentemente la imaginación del hombre. Aunque antes de su descubrimiento se podía suponer la existencia de planetas orbitando otras estrellas no se tenía ninguna evidencia observacional, así que para la ciencia era como si no existiesen. Mejor dicho, ni existían ni dejaban de existir.
Fue sólo a partir de 1995 cuando esa idea empezó a ser una realidad. Ese año, Michel Mayor y Didier Queloz, de la Universidad de Ginebra, hallaron 51Peg b, el primer exoplaneta detectado que orbitaba una estrella de la Secuencia principal bastante parecida al Sol. Se valieron de un instrumento especialmente diseñado para la búsqueda, el espectrógrafo ELODIE, instalado en el Observatorio de Haute-Provence. El método utilizado fue el de la velocidad radial, el mismo que se utiliza para estudiar estrellas binarias o detectar agujeros negros. Consiste en analizar el desplazamiento de frecuencia que se produce en la luz emitida por la estrella debido al movimiento: cuando la estrella se acerca el desplazamiento es hacia el azul, hacia frecuencias más altas, y cuando se aleja, hacia el rojo, a frecuencias más bajas. El tirón gravitatorio del planeta sobre la estrella provoca este rítmico baile.
En realidad, 51Peg b no fue el primer exoplaneta revelado. Ya en 1992 se había descubierto un sistema múltiple con varios cuerpos de masa planetaria girando en torno a una estrella. Sin embargo, en aquel caso la estrella no pertenecía a la Secuencia Principal, sino que era una estrella de neutrones, el colapso extremadamente comprimido de una estrella muerta, y no se consideró exoplaneta.
Desde entonces se han detectado numerosos exoplanetas de características muy diferentes. Actualmente hay más de 700 conocidos y la lista aumenta casi cada día con nuevas incorporaciones aportadas por los proyectos “cazadores” de planetas. En lo que más se ha avanzado ha sido en la metodología utilizada: se han desarrollado sofisticadas técnicas observacionales con el fin de competir en la carrera por conseguir más hallazgos.
Aunque el método de la velocidad radial, con el que se encontraron los primeros exoplanetas, sigue siendo el que tiene más detecciones en su haber, empiezan a aportar también una cantidad significativa y creciente de ellas otras técnicas: tránsitos, microlente gravitatoria, astrometría o imagen directa. Entre ellas, la que mejores expectativas proporciona es la de los tránsitos, que consiste en medir la leve disminución de brillo que se observa en la estrella cuando su planeta pasa delante. Para poder hacerlo es necesario que el plano de la órbita del exoplaneta coincida con la dirección de observación. Esto parece poco probable, pero como hay un número muy elevado de exoplanetas, el número de ellos con tránsitos es estadísticamente elevado también. En el Sistema Solar asimismo se producen tránsitos: dos cada poco más de un siglo para Venus y unos trece por siglo en el caso de Mercurio. La ventaja del método de los tránsitos es que se repiten y, por tanto, se pueden observar sistemáticamente para mejorar los resultados o para estudiar variaciones de un tránsito a otro.

Propiedades de los exoplanetas
El camino para entender cómo se forma la gran variedad de sistemas planetarios encontrados pasa por crear una gran base de datos en la que los diferentes tipos estén bien caracterizados y representados. La existencia de planetas con un rango muy amplio de masas y radios y con distancias a su estrella central que van desde pocas centésimas hasta varias unidades astronómicas (la distancia media entre la Tierra y el Sol), crea un marco que permite establecer relaciones con parámetros como la metalicidad de la estrella o su edad.
Lo más sencillo que se puede estudiar es la distribución de exoplanetas en nuestro entorno (hasta ahora sólo se han encontrado estrellas con exoplanetas como máximo a distancias ligeramente superiores a 1.000 años luz). Exceptuando evidentemente el plano galáctico, no tienen una localización preferente en el cielo, es decir, en cualquier dirección que se observe se encuentra la misma densidad de estos cuerpos. Sin embargo, si nos fijamos en la distancia, parece haber una distribución definida a unos 100 años luz, con una caída abrupta en el número de planetas encontrados más allá de unos 500 años luz. Posiblemente esto sea debido a un sesgo observacional puesto que es más difícil encontrar exoplanetas alrededor de estrellas lejanas.
En la mayoría de los casos, los exoplanetas son gigantes y calientes, generalmente en etapas muy tempranas de formación. Tienen masas que van desde valores cercanos a los de la Tierra hasta varias veces la masa de Júpiter. En general, además, están muy cerca de su estrella, con una alta proporción de ellos a distancias extremadamente cortas, en órbitas que serían interiores a la de Mercurio. La excentricidad (una medida de cuánto se aleja la órbita de un círculo) es muy variable, aunque preferentemente toma valores moderados, por encima de 0,2 (la Tierra tiene 0,01; Marte 0,09 y sólo Mercurio llega a 0,2).
Si nos fijamos en la metalicidad se ve que las estrellas con exoplanetas conocidos son ricas en metales en comparación con las que no los tienen (la metalicidad es la abundancia de metales en relación al hidrógeno, generalmente medida con el hierro: los astrofísicos llamamos metales a todos los elementos de la tabla periódica más allá del helio), Por un lado, una mayor metalicidad parece aumentar la probabilidad de que una estrella tenga alrededor planetas gigantes. Pero también parece mucho más probable encontrar planetas pequeños alrededor de estrellas con alta metalicidad. Una posible explicación es que los ambientes ricos en hierro favorecerían la formación de planetas gigantes. Otra que la presencia de planetas haría aumentar la metalicidad de la estrella central, posiblemente por contaminación de la estrella al devorar alguno de sus planetas o por la mezcla que se produciría durante el proceso de formación estelar en un ambiente que debe ser rico en metales para dar lugar a un sistema planetario.
La mayor parte de la información que se conoce sobre las características de los exoplanetas se ha conseguido mediante el método de los tránsitos. Afinando mucho la comparación entre tránsitos consecutivos se pueden encontrar diferencias en el tiempo medio del tránsito o en su duración. De estas diferencias se puede extraer información acerca de las características orbitales del exoplaneta, como la elipticidad o la presencia de otros exoplanetas en el sistema. Éste es uno de los campos en los que más se está trabajando actualmente.
Finalmente, otro de los estudios que también se puede realizar con los exoplanetas en tránsito es la observación del eclipse secundario, cuando el planeta pasa por detrás de la estrella. En este caso, la disminución de luz es mucho menor; lo que se pierde es la emisión del exoplaneta. Evidentemente, en el visible este efecto es muy débil (para una estrella típica como el Sol y un planeta como Júpiter unas mil millones de veces más débil que el eclipse primario, cuando pasa por delante). Sin embargo, en el infrarrojo, donde comparativamente la estrella no es tan brillante, el efecto aumenta y es medible con telescopios en el espacio o, incluso, en tierra (en el infrarrojo medio, para el ejemplo anterior, es sólo unas 100 veces más débil). De esta manera se puede determinar la temperatura (casi como si se hiciera la observación directa del exoplaneta) y la excentricidad (por la desviación del tránsito secundario con respecto a la mitad del periodo).

¿Y la vida?
Queda mucho por hacer. Si el objetivo final es encontrar planetas como la Tierra alrededor de estrellas como el Sol y detectar en su atmósfera algo que nos haga pensar que allí hay vida, los pasos a dar son de gigante.
Los primeros ya se han andado. La búsqueda de exoplanetas con diferentes escenarios y características ha ayudado a crear modelos mejorados sobre la formación de sistemas planetarios que nos dan una idea más acertada de las condiciones en las que aparecen. Pero hay que aumentar mucho el número de exoplanetas para que las estadísticas sean completas. Además, es necesario solucionar los problemas del sesgo observacional a la hora de detectar planetas: fundamentalmente favorecen la detección de exoplanetas gigantes muy cercanos a su estrella. También es necesario encontrar planetas mucho más lejos de la vecindad solar para crear un marco de propiedades mucho más amplio y con un abanico de metalicidades mayor.
Ahora se empiezan a encontrar planetas con tamaños similares a la Tierra. Pero no hay suficientes ni están bien ubicados en la zona de habitabilidad de la estrella (básicamente el rango de distancias para el que el agua estaría en fase líquida). También se están empezando a detectar atmósferas en algunos exoplanetas, pero por ahora sólo en los gigantes muy próximos a la estrella y pensamos que esos no son adecuados para la vida. Para avanzar es imprescindible desarrollar instrumentación y telescopios con la capacidad de separar el planeta de su estrella y observar su atmósfera como si estuviese en nuestro Sistema Solar. Parece ciencia ficción, pero es posible si se trabaja en ello.
Como vemos, en astrofísica se puede hacer mucho todavía. Pero para la solución final del problema también hay que contribuir desde otros frentes (la Astrobiología es un claro ejemplo de ciencia multidisciplinar). Por ahora, entender qué es vida y cómo identificarla si la tenemos delante semeja ser el punto más desafiante. Parece sencillo, pero no lo es. No disponemos de un identificador inequívoco de la presencia de vida, es decir, algo que si está presente (o ausente) sólo pueda ser debido a ella. Ni siquiera lo tenemos para la vida que conocemos, la de la Tierra, así que mucho menos para una vida desconocida.

martes, 24 de julio de 2012

Llegada a Marte del robot Curiosity


Llegada a Marte del robot Curiosity será la misión más compleja realizada por la NASA hasta el momento

Llegada a Marte del robot Curiosity será la misión más compleja realizada por la NASA hasta el momento
Superficie de Marte. Archivo Reuters
La llegada a Marte del robot Curiosity de la NASA el próximo 6 de agosto será el descenso más complejo intentado hasta ahora por la agencia especial estadounidense, especialmente durante los últimos siete minutos del amartizaje, en los que la nave no podrá comunicarse con la Tierra.

"Posar a Curiosity en Marte es la misión más difícil jamás emprendida por la NASA en la historia de la exploración robótica planetaria", destacó en un comunicado John Grunsfeld, director adjunto de la agencia espacial estadounidense para misiones científicas.

Lanzado el 26 de noviembre de 2011 desde Cabo Cañaveral, en Florida (sureste), el Mars Science Laboratory (MSL), conocido como robot Curiosity, el vehículo más grande (900 kg) y más sofisticado enviado a otro planeta, debe posarse en suelo marciano el 6 de agosto a las 05H31 GMT, en el cráter Gale, después de viajar 570 millones de kilómetros.

Para realizar con éxito un amartizaje en el interior de ese cráter, al pie del monte Sharp (de 5.000 metros de altura), la nave que transporta al robot planeará en la atmósfera superior de Marte en lugar de caer como una piedra en el suelo.

Según funcionarios de la NASA, a diferencia de las sondas anteriores, Curiosity es demasiado pesado para que el impacto sea amortiguado por bolsas de aire.

Los ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) en Pasadena, California (oeste), ha diseñado una especie de "grúa" con retrocohetes que conducirá al robot con cuerdas de nylon en los segundos finales del descenso. De esta manera, Curiosity, que tiene el tamaño de un pequeño 4x4, se posará suavemente en planeta rojo.

Pero antes de esos momentos finales del descenso, la nave espacial sufrirá un fuerte descenso de siete minutos en la que su velocidad pasará de 21.243 a 2,74 kilómetros por hora.

Paracaídas gigante

Para frenar su caída, la nave realizará una serie de virajes como hacían los transbordadores espaciales durante su regreso a la atmósfera terrestre, con la diferencia de que el descenso será en Marte.

Una vez que la velocidad se reduzca a 1.600 km/h, la computadora de abordo está programada para desplegar el mayor paracaídas supersónico utilizado hasta ahora. Fabricado de nylon, su diámetro es de 21 metros y permitirá desacelerar la nave un poco por debajo de la velocidad del sonido.

A unos 1.600 metros del suelo, el paracaídas se abrirá justo antes de que se enciendan ocho retrocohetes para frenar aún más el descenso y antes de que, unos segundos previos a tocar el suelo, una especie de grúa deposite suavemente a Curiosity. Los retrocohetes se invertirán de manera que la grúa se distancie de la sonda.

"Estos siete minutos son la parte más delicada de toda esta misión", dijo Pete Theisinger, director del proyecto en el JPL. El descenso se hará sin comunicación por radio, debido a la posición de los dos orbitadores estadounidenses alrededor de Marte, que dejarán de captar las señales de Curiosity, imposibilitando la comunicación con la Tierra.

"Para que la llegada al suelo marciano sea exitosa, cientos de operaciones deben realizarse exactamente según lo previsto, muchas de las cuales son de una milésima de segundo, y todas controladas de forma autónoma por la nave espacial", explicó.

"Hicimos todo lo que creemos que se necesita para tener éxito, pero no hay ninguna garantía, los riesgos son reales", advirtió Theisinger.

De las 43 misiones lanzadas a Marte desde los años 1960, casi el 70% fracasaron. Los estadounidenses tuvieron gran éxito con sus últimos seis vuelos y son los únicos que hasta la fecha han explorado la superficie de Marte.

La ex Unión Soviética fue el primer país en posar una sonda en el planeta rojo en 1971, pero ésta funcionó sólo 15 segundos.

Curiosity, dos veces más largo y cinco veces más pesado que los dos robots marcianos anteriores, Spirit y Opportunity, cuenta con diez instrumentos científicos. Impulsado por un generador nuclear, tiene un mástil con cámaras de alta definición y un láser. La misión tiene un costo de 2.500 millones de dólares.

Los planetas con las órbitas más cercanas entre sí



(NCYT) Estos dos mundos son los planetas con las órbitas más cercanas entre sí de los que se tenga conocimiento.

El equipo de investigación, dirigido por Josh Carter, del Centro para la Astrofísica, en Cambridge, Massachusetts, gestionado conjuntamente por la Universidad de Harvard y el Instituto Smithsoniano, y Eric Agol de la Universidad de Washington en Seattle, en Estados Unidos ambas instituciones, empleó datos del telescopio espacial Kepler, de la NASA, que mide el oscurecimiento sutil del brillo de más de 150.000 estrellas en busca de los planetas que pasan periódicamente por delante de ellas, desde la perspectiva visual de la Tierra, e interceptan una diminuta pero delatadora fracción de su luz.

El planeta más interior de esa singular pareja, al cual se le ha dado el nombre de Kepler-36b, gira alrededor de su estrella cada 13,8 días terrestres, y el planeta exterior, Kepler-36c, lo hace cada 16,2 días.
Planetas muy cercanos
Kepler-36c visto desde Kepler-36b. (Foto: Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics)
En el máximo acercamiento entre los dos planetas, la separación entre ambos es de tan sólo 1,9 millones de kilómetros (1,2 millones de millas). Eso es apenas cinco veces la distancia entre la Tierra y la Luna.

Kepler-36b es un mundo rocoso, cuyo radio es 1,5 veces mayor que el de nuestro planeta, y tiene 4,5 veces la masa de la Tierra.

Kepler-36c es un gigante gaseoso con un radio 3,7 veces mayor que el de la Tierra, y 8 veces la masa de nuestro planeta.

La extraña pareja planetaria orbita alrededor de una estrella ligeramente más caliente que nuestro Sol, y un par de miles de millones de años más vieja que él. Esos dos mundos están ubicados a unos 1.200 años-luz de nosotros.

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